Empoderamiento de los trabajadores sanitarios comunitarios: Los héroes anónimos que transforman la sanidad
Empoderamiento de los trabajadores sanitarios comunitarios: Los héroes anónimos que transforman la sanidad
Trabajan en clínicas de barrio, organizaciones comunitarias, iglesias, viviendas y escuelas, o por teléfono o videoconferencia. Su enfoque se basa en el contexto local y se guía por estrategias culturalmente sensibles y centradas en la persona.
El dicho "no todos los héroes llevan capa" es cierto en el caso de los trabajadores sanitarios comunitarios. Un trabajador sanitario comunitario (TSC) es un trabajador sanitario público de primera línea con experiencia y conocimientos locales, lo que le hace especialmente eficaz para ayudar a las personas mediante la educación sanitaria, la navegación asistencial, la defensa individual y la vinculación de recursos. A menudo trabajan en clínicas de barrio, organizaciones comunitarias, iglesias, centros de vivienda y escuelas, o intervienen por teléfono o videoconferencia. Por encima de todo, crean confianza, comprenden las necesidades e intereses de los clientes y les ayudan a superar los problemas de los determinantes sociales de la salud (vivienda, acceso a los alimentos, transporte, etc.) que suelen afectar a las comunidades desfavorecidas. Su enfoque se basa sobre todo en el contexto local y se guía por estrategias culturalmente sensibles y centradas en la persona.
Retos en materia de reconocimiento y reembolso: Superar las barreras sistémicas
Los CHW reciben muchos nombres -navegadores de atención, defensores de la salud, promotores y representantes de salud comunitaria- y a menudo no tienen títulos avanzados ni licencias clínicas. Además, la certificación de los TCS u otras normas de acreditación, que sí tienen otros proveedores como médicos, enfermeras o trabajadores sociales, están reguladas a nivel estatal o a veces son opcionales. A pesar de su inestimable contribución a la salud y el bienestar, históricamente los TCS no han sido reconocidos ni remunerados justamente por el ecosistema sanitario, al tiempo que se enfrentan a barreras sistémicas para integrarse en el ecosistema sanitario.
En consecuencia, las organizaciones que emplean a los TCS han tenido que navegar por flujos de financiación precarios, dependiendo de contratos de salud pública, subvenciones filantrópicas y donaciones para mantener sus programas. Esta dependencia de la "financiación blanda" no sólo socava la estabilidad de las iniciativas de los TCS, sino que también obstaculiza su capacidad para lograr un cambio duradero en las comunidades.
Para leer el resto del artículo , haga clic aquí.